En 1784, con razón del alumbramiento de la reina María Luisa y el retorno de la paz tras el tratado de Versailles, el Ayuntamiento de Madrid organizó un concurso nacional para galardonar las dos mejores obras compuestas para celebrar los dos eventos. Como es conocido, el jurado se pronunció a favor de la comedia pastoral Las bodas de Camacho de Juan Meléndez Valdés y de Los menestrales de Cándido María Trigueros. Esta elección ocasionó una polémica entre los literatos, entre ellos, Tomás de Iriarte que tomó parte en ella con el soneto ¡Oh, “Bodas de Camcho”, o sin ventura! Al encontrar un largo poema satírico anónimo, titulado “Recurso jurídico del zagal Dorido”, en el que aparece, con algunas variantes, el mencionado soneto, Maurizio Fabbri, tras un detallado examen estilístico, lingüístico e ideológico de la obra, opina pueda atribuirse a Iriarte.
En su estudio del poema, que pertenece a la tradición parnasiana de los Avvisi y Viaggio al Parnaso de Cesare Caporale e de los Ragguagli di Parnaso de Traiano Boccalini, recogida por Cervantes en su Viaje de Parnaso, Fabbri resalta varios elementos que apoyan su hipótesis, entre ellos la estructura de la obrita, pieza en un acto único, su versificación polimétrica de buena factura, metáforas, alegorías, estilemas y, sobre todo, italianismos, que Iriarte pudo aprender de su asistencia en la fonda de San Sebastián, en la que conoció a Giambattista Conti y Pietro Napoli Signorelli. Aun más convencen las razones de tipo ideológico que el estudioso aporta, que se basan en el rechazo del anónimo autor de las obras galardonadas por basarse en superados modelos como los de Plauto y Terencio, por ser descuidadas en su versificación y lenguaje y carentes de intención ética, elementos, estos últimos, realzados en la nueva comedia iriartiana, por ejemplo, en El señorito mimado, con la que, según Fabbri, Iriarte pudo presentarse en el concurso.